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La conversión es cambiar el corazón mundano con la fuerza de Cristo, dice el Papa Francisco.

En su homilía en Casa Santa Marta el Papa Francisco explicó que Jesús pide a cada persona que lleve a cabo un cambio interior. 

FRANCISCO dice “Que tu corazón, que era mundano, pagano, se convierta ahora en cristiano con la fuerza de Cristo. Cambiar, esta es la conversión. Y cambiar en el modo de actuar, tus obras deben cambiar. Es un cambio, pero no es un cambio que se hace con maquillaje. Es un cambio que el Espíritu Santo hace dentro”.  Por último, Francisco aseguró que cada uno debe colaborar con el Espíritu Santo para este cambio y luchar, porque “no existen los cristianos tranquilos que no luchan”.

“Cambiar el modo de pensar, cambiar el modo de sentir. Tu corazón que era mundano, pagano, se vuelve ahora cristiano con la fuerza de Cristo: cambiar, esta es la conversión. Y cambiar en el modo de obrar: tus obras deben cambiar. Es un cambio, pero no es un cambio que se hace con maquillaje: es un cambio que el Espíritu Santo hace dentro. Y yo debo colaborar para que el Espíritu Santo pueda obrar. ¡Y esto significa lucha, luchar!

No existen los cristianos tranquilos, que no luchan – dijo el Papa – “esos no son cristianos, son unos ‘tibios’”. Y añadió: “También puedes encontrar la tranquilidad para dormir en una pastilla”, pero “no hay pastillas para la paz interior”. De ahí que haya afirmado que “solo el Espíritu Santo” puede producir “esa paz en el alma que da la fortaleza a los cristianos”. “Y nosotros – prosiguió – debemos ayudar al Espíritu Santo haciéndole espacio en nuestro corazón”. Para lo cual – exhortó – nos ayuda mucho “el examen de conciencia de todos los días”, para “luchar contra las enfermedades espirituales, esas que siembra el enemigo y que son enfermedades de la mundanidad”.

Las dificultades en nuestra vida no se resuelven diluyendo la verdad. La verdad es esta: Jesús ha traído fuego y lucha. ¿Y yo qué hago?”.

Fuente: Rome Reports

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El Papa Francisco habla con astronautas de la Estación Espacial Internacional.

“Santo Padre, bienvenido a la Estación Espacial Internacional”: Con estas palabras de bienvenida el astronauta italiano perteneciente a la Agencia Espacial Europea, Paolo Nespoli, dio comienzo a la conversación que la tripulación de la Estación Espacial Internacional mantuvo con el Papa Francisco este jueves 26 de octubre.

Desde el Aula Pablo VI del Vaticano, el Pontífice conversó durante 20 minutos con los 6 tripulantes de la Estación Espacial, que orbita a 400 kilómetros de la Tierra.

En esta conversación, el Papa quiso cambiar de rol y, por una vez, no fue él quien respondía a las preguntas, sino quien las formulaba.

En su primera pregunta Francisco recordó que “la astronomía te hace contemplar los horizontes más lejanos del Universo y suscita en nosotros las preguntas: ¿de dónde venimos, adónde vamos? Les pregunto, a la luz de su experiencia en el espacio: ¿Cuál es su pensamiento sobre el lugar del hombre en el Universo?”.

En su respuesta, el astronauta italiano reconoció que es una “pregunta compleja”. Señaló que él, como ingeniero, se considera “una persona técnica. Me encuentro en mi ambiente rodeado de máquinas, de experimentos”.

Por ello, “cuando se habla de estos temas mucho más internos, me quedo un poco perplejo. Es un discurso muy delicado. Creo que nuestro objetivo aquí es conocer, aumentar el conocimiento. Me gustaría mucho que personas como usted, no sólo ingenieros, no sólo físicos, sino teólogos, filósofos, poetas, escritores, puedan venir aquí, al espacio, para explorar qué significa la presencia de los humanos más allá de los confines de la tierra. Esto seguramente será posible en el futuro”.

El Santo Padre planteó a continuación una segunda pregunta sobre la pintura que había a su espalda y que representaba el verso con el que Dante concluye la Divina Comedia: ‘El amor que mueve el sol y las demás estrellas’. “Les pregunto: ¿Qué sentido tiene para vosotros, que sois todos ingenieros y astronautas, llamar amor a la fuerza que mueve el Universo?”.

A esta pregunta respondió el astronauta ruso Alexander Misurkin. Explicó que esos días en el espacio estaba leyendo ‘El Principito’, “para reflexionar. En él se hace referencia a un muchacho que ofrecería voluntariamente su propia vida para regresar a la tierra y salvar las plantas y los animales. Sustancialmente, el amor es la fuerza que te da la vida para salvar a otro”, concluyó.

“Esa respuesta es cierta”, concedió satisfecho el Papa. “Sin amor no es posible dar la propia vida por otro. Eso es cierto. Se ve que usted ha entendido el mensaje que tan poéticamente explica Saint-Exupéry, y que vosotros, los rusos, tenéis en la sangre, en vuestra tradición tanto humanística como religiosa”.

A continuación, planteó “una curiosidad”. “¿Qué es lo que os motivó a haceros astronautas? ¿Qué es lo que les da la felicidad en el tiempo que pasan en la Estación Espacial?”.

Sergey Ryazanskiy, astronauta también de nacionalidad rusa, explicó que “estamos presentes aquí personas de diferentes países. Cada uno de nosotros tiene su propia historia, cada uno ha seguido su propio camino para llegar a ser astronauta. Mi historia comenzó con mi abuelo, que era ingeniero jefe de proyectos de satélites como el Sputnik y para mí es un gran honor continuar aquello que él hacía, continuar sus sueños en el espacio”.

A esta pregunta también quiso responder el astronauta estadounidense Randolph Bresnik: “Lo que veo desde aquí es una perspectiva increíble. La posibilidad de ver la tierra un poco con los ojos con que la ve Dios, y ver la belleza de este planeta. Con nuestra velocidad orbital de 10 kilómetros al segundo vemos la tierra con una mirada diferente. Vemos una tierra sin confines, una tierra en la que la atmósfera es increíblemente fina y frágil, y ver esta tierra de este modo te permite pensar como ser humano cómo todos debemos trabajar juntos, colaborar por un futuro mejor”.

“¡Me alegra vuestra respuesta!”, exclamó Francisco. “Los abuelos y la mirada de Dios sobre el mundo. Eso nos lleva a pensar en nuestras raíces. ¡No olviden nunca sus raíces! Viajar por el espacio modifica muchas cosas que se dan por descontadas en la vida cotidiana: por ejemplo, la idea del norte y del sur, de arriba y abajo. ¿Hay algo en particular que, viviendo en la Estación Internacional os haya sorprendido, y algo que os haya golpeado porque os ha confirmado algo incluso ahí en un contexto tan diferente?”.

El astronauta estadounidense Mark T. Vande Hei señaló que “aquello que me ha sorprendido es el ver cosas que parecen lo mismo que en la tierra pero que en el espacio no resultan reconocibles. En ocasiones me acerco a algo que resulta familiar, pero desde un ángulo totalmente diferente y al principio me resulta algo desconcertante”.

En su última pregunta, el Papa Francisco señaló que “nuestra sociedad es muy individualista, y sin embargo en la vida es esencial la colaboración. Pienso en todo el trabajo que tiene dentro una empresa como la vuestra. ¿Me pueden dar un ejemplo significativo vuestro de colaboración en la Estación Espacial?”.

Ese ejemplo lo ofreció el astronauta estadounidense Joseph Acaba: “La Estación Espacial Internacional es un gran ejemplo de cooperación internacional, como puede ver por el hecho de que la tripulación esté formada por astronautas de diferentes países y que para nuestros trabajos diarios estemos en contacto con centros de control repartidos por todo el mundo”.

“Nuestra diversidad nos hace fuertes. Trabajando juntos podemos hacer más cosas que actuando individualmente”, finalizó.

Fuente: ACIPrensa

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Si usted reza el Rosario seguido, le damos unos consejos que le ayudarán a perfeccionar este hábito.

  • Estamos justamente en el mes de Rosario, donde muchos católicos redescubren esta oración de la Virgen María, para fortalecer la vida espiritual y contar con gracias especiales.

Por eso y para continuar perfeccionando el hábito de esta poderosa oración, contemplando a Jesús a través de la Virgen María, le damos 7 consejos prácticos para profundizar en el rezo del Rosario, tomando como fuente el libro: “El Rosario: Teología de rodillas”, del escritor, Presbítero  y secretario del Vaticano Mons. Florian Kolfhaus:

  1. Dedicarle el tiempo que se merece

Nuestros calendarios están llenos de citas. Sin embargo, es bueno reservar entre 20 a 30 minutos al día para el rezo del Santo Rosario. Este encuentro con Jesús y María es verdaderamente más importante que las demás actividades agendadas.

Este tiempo de oración se reserva finalmente para uno mismo porque es un tiempo en el que debemos dedicarnos solo a amar. Es posible reservar dos o tres días de la semana para el rezo del Rosario, y de esta forma se hará cada vez más fácil hacer esta oración, hasta finalmente practicarla todos los días.

  1. Saber que rezas para alguien más

Una buena oración se basa en orientar completamente la voluntad en complacer a nuestro querido amigo, Cristo, y no a uno mismo.

  1. Hacer pausas para concentrarnos

San Ignacio de Loyola recomienda la llamada “tercera forma de rezar” para adaptar las palabras al ritmo de la propia respiración.

A menudo es suficiente interrumpir un misterio del Rosario para volver a ser conscientes de que Jesús y María nos miran llenos de alegría y amor. Para esto puede ser útil respirar dos o tres veces, antes de volver a retomar la oración.

  1. Dirigir nuestros pensamientos a los misterios

Se puede y se debe “desviar” los pensamientos para encontrar el misterio que debemos visualizar en nuestra mente antes de cada decena del rosario.

Es poco probable que la repetición sea útil si no es encaminada varias veces hacia lo esencial, que es la vida de Jesús y María.

  1. Hacer de la oración un momento para compartir con Cristo

Uno de los primeros y más importantes pasos hacia la oración interior es no solo dedicarnos a pensar y meditar, sino mirar a quien va dirigida nuestra plegaria.

Saber que, a quien nos dirigimos, nos ama infinitamente despertará en nosotros diversos y espontáneos sentimientos, al igual que cuando disfrutamos y nos alegramos con la persona que nos importa sobremanera.

  1. Cerrar los ojos o simplemente fijarlos en un solo lugar

Algunas personas cierran los ojos con el fin de concentrarse y rezar mejor. Eso puede ser una ayuda, pero a menudo es suficiente fijar la vista en un solo lugar y evitar mirar alrededor. En cualquier caso, es importante que los ojos del corazón estén siempre abiertos.

El Rosario es como una visita al cine. Se trata de ver imágenes. Algunas preguntas básicas pueden ser de utilidad: ¿Qué, ¿quién, ¿cómo, ¿cuándo, ¿dónde? Cómo veo el nacimiento de Jesús, su crucifixión, su ascensión.

A veces puedo –como si tuviera una cámara– acercar elementos o detalles y buscar un primer plano: la mano de Cristo traspasada por los clavos, las lágrimas en los ojos del apóstol Juan mientras el Señor asciende al cielo, etc.

  1. Que la intención de rezar siempre sea el amor

Las palabras acompañan, nuestra mente se dispone, pero es nuestro corazón el que debe dominar la oración.

Todos los grandes escritores espirituales concuerdan en que la oración interior afecta principalmente nuestros sentimientos y emociones.

Santa Teresa de Ávila lo explica de manera simple: “¡No piense mucho, ame mucho!”. En una ocasión, una anciana me contó que no podía pensar en rezar el Rosario todos los días, pero lo único que le alcanzaba era decir interiormente: ‘¡Jesús, María, los amo!’. Felicito a la mujer. A tal resultado es donde el rezo del Rosario debe llevar.

Publicado originalmente en CNA Deutsch.

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Fuente: 

Santa Teresita del Niño Jesús nos deja unos consejos para soportar a la gente antipática.

  • Justamente el 1 de octubre se celebró su día en el Santoral

Santa Teresa del Niño Jesús tiene reputación de haber sido una mujer tranquila y modesta. Ella desarrolló la habilidad de tratar con gente desagradable con tanta dulzura que estas personas pensaban, erróneamente, que ella les tenía un cariño especial. Todos tenemos personas antipáticas en nuestras vidas con las que, sencillamente, no nos llevamos bien, que quizás nos dan la impresión de que solo existen para molestarnos o que nos hacen rechinar los dientes.

Siempre está esa persona que nos hace resoplar cuando nos enteramos de que estará en la misma fiesta que nosotros o con quien evitamos cualquier contacto visual cuando nos cruzamos con ella y sacamos de repente nuestro teléfono para fingir que miramos unos mensajes importantísimos.

No podemos escapar completamente de esas personas porque, como muestra la experiencia de Santa Teresa, están por todas partes, incluso en conventos llenos de monjas. Santa Teresa dominó rápidamente el arte de tratar con estas personas difíciles y aprendió a mostrar empatía por ellas. Tal vez fue porque la propia Teresita fue una persona difícil en su juventud.

Contrariamente a su reputación, Santa Teresa de Lisieux nació con una naturaleza violenta. Su madre decía de ella: “coge unas rabietas terribles cuando las cosas no salen a su gusto y se revuelca por el suelo como una desesperada pensando que todo está perdido. Hay momentos en que es más fuerte que ella, y se le corta la respiración”.

Ella misma asegura en su autobiografía “Historia de un alma” que, de no haber tenido unos padres tan buenos que la ayudaron a remediar este defecto de carácter, fácilmente podría “salido muy mala”.

Cuando hacía poco que era religiosa, escribió: “Todo en este convento me ha encantado”, pero rápidamente aprendió que, al igual que tenía tendencias antipáticas y debía progresar, pasaba lo mismo con las otras mujeres con las que vivía.

Sobre todo, tuvo problemas con su nueva superiora, la priora, que era severa con ella: “No podía cruzarme con ella sin tener que besar el suelo”, cuenta Teresa, que afirma que el simple acto de hacer la limpieza se convertía en una ocasión para ser humillada: “Una vez, recuerdo que había dejado en el claustro una telaraña y me dijo delante de toda la comunidad: ‘¡Pensaba que nuestros claustros los había barrido una niña de quince años!’”.

Esta humillación pública es parte de una larga serie de acusaciones de pereza, y la priora a menudo proclamaba: “¡Esta niña no hace absolutamente nada!”. Sin embargo, Teresa tuvo que aprender a vivir con la priora porque, para bien o para mal, pasaron la mayor parte de sus vidas la una junto a la otra. Antes de que la situación mejorara, empeoró, y santa Teresa dice que las cosas empeoraron tanto que le preocupaba tener un problema imposible de resolver. Con el tiempo, se dio cuenta de que el problema no era su culpa y que tendría que aprender a vivir con una persona antipática en su vida. Aquí están sus consejos:

Buscar la auténtica valía

Las personas antipáticas son incansablemente negativas. Encuentran algo que no les gusta, sea cierto o no, y se concentran en ello. La priora, por ejemplo, había decretado que Teresa era perezosa y se lo recordaba continuamente. Después de algún tiempo, es imposible no preguntarse si todas estas críticas estarán justificadas, porque se repiten todo el tiempo, y aunque sean totalmente falsas, eres víctima de este constante torrente de negatividad. Teresa resolvió este problema dejando de dar importancia a lo que su detractora pensara y buscando su verdadera valía interior.

Decidió hacer su trabajo silenciosamente y sin llamar la atención, para satisfacer su propia estima y honrar a Dios. En realidad, a menudo daba el crédito de su trabajo a otros porque sabía que les alegraría. Cuando dejó de preocuparse por si la priora había apreciado su trabajo o si la había calificado de vaga, de repente se liberó de la negatividad.

No desperdicie su energía en vano

Con esto, Teresa no quiere decir que debamos ser indolentes, sino que cuando nos acusan o encasillan erróneamente, no debemos dejarnos atrapar en la batalla. Cuando la priora constantemente acusaba a Teresita de ser perezosa, ella podría haber contestado y comenzado un altercado verbal, pero sabía que nada de lo que podría haber dicho cambiaría la situación.

Por ejemplo, cuenta la anécdota de que apareció un vaso roto en el convento y que se le acusó erróneamente de no haber recogido los pedazos. Se dio cuenta de que no importaba quién lo había dejado allí en realidad y que no valía la pena el esfuerzo de probar su inocencia por un vaso roto, así que no dijo nada y lo recogió. Con el tiempo, las acciones dicen más que las palabras, e incluso las personas antipáticas quedan persuadidas por la consistencia de una persona que despliega su energía para desafiar las expectativas.

Perfeccione su capacidad para amar

Es fácil amar a tu familia y amigos, pero es difícil amar pase lo que pase a una persona que no parece tener ninguna capacidad de redención. Teresa habla de una monja por la que sentía una aversión natural y de cómo se dio cuenta de que, porque el amor es un acto y no un sentimiento, esta monja iba a enseñarle a amar mejor. Recuerda, Teresa misma había cambiado gracias al amor y la paciencia de sus padres, así que ella conocía el poder de amar a alguien que parecía detestable.

Según dijo: “Trataba de prestarle todos los servicios que podía; y cuando sentía la tentación de contestarle de manera desagradable, me limitaba a dirigirle la más encantadora de mis sonrisas”. Después de cierto tiempo, confiesa que sus sentimientos comenzaron a cambiar de verdad. En definitiva, una persona difícil únicamente puede hacernos daño si nosotros se lo permitimos. Como ha demostrado Teresa, siempre hay una alternativa. Quizás sea difícil e incluso puede parecer imposible, pero su propio ejemplo nos revela que incluso la persona más antipática tiene el potencial de convertirse en Santa.

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¿Condena la Iglesia a los homosexuales?

  • Esto es totalmente falso. Nuestra iglesia no odia o condena a la gente homosexual, de lo contrario. Lo que no aprueba son los actos homosexuales.

El catecismo católico menciona:

2357 «…la Tradición ha declarado siempre que “los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados”. [Los actos] son contrarios a la ley natural. Cierran el acto sexual al don de la vida. No proceden de una complementariedad afectiva y sexual verdadera. No pueden recibir aprobación en ningún caso».

En el número siguiente de Catecismo 2358 afirma «…[Los homosexuales] deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza. Se evitará, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta. Estas personas están llamadas a realizar la voluntad de Dios en su vida, y, si son cristianas, a unir al sacrificio de la cruz del Señor, las dificultades que pueden encontrar a causa de su condición».

Termina en el número siguiente 2359, dando un camino de esperanza para ellos: «Las personas homosexuales están llamadas a la castidad. Mediante las virtudes de dominio, educadoras de la libertad interior, y a veces mediante el apoyo de una amistad desinteresada, de la oración y la gracia sacramental, pueden y deben acercarse gradual y resueltamente a la perfección cristiana».

Como parte de la resistencia que han creado diversos grupos en contra de nuestra religión, se ha malinterpretado las palabras del Papa Francisco sobre este tema, tomando solo la primera parte de lo que nuestro Santo Pontífice dijo. Textualmente y sacada de la página del Vaticano afirma el Papa: «Si una persona es gay y busca al Señor y tiene buena voluntad, ¿quién soy yo para juzgarla? El Catecismo de la Iglesia Católica explica esto de una manera muy hermosa; dice… Un momento, cómo se dice… y dice: “No se debe marginar a estas personas por eso, deben ser integradas en la sociedad”».

Vivir la virtud de la castidad la deben de vivir tanto los homosexuales como los heterosexuales. Lo que reprueba la Iglesia son los actos homosexuales.

Papa